Lo que habitamos

El ritual de encender una vela

Hay gestos pequeños que cambian el ritmo de una tarde. Encender una vela es uno de ellos.

No hace falta que pase nada especial. Se enciende la mecha, el aroma empieza a llenar la habitación y, sin darnos cuenta, bajamos el paso. Para muchas personas, ese momento es una señal de que el día terminó, de que ahora el espacio es propio.

Una pausa que se queda en la casa

El aroma tiene una forma silenciosa de acompañar. Una luz baja, una fragancia que reconoces y unos minutos sin pantalla bastan para marcar la diferencia entre correr y estar. No prometemos que una vela lo arregle todo. Lo que sí hacemos es elegir piezas pensadas para que ese momento tenga un lugar.

Cómo está hecha la nuestra

Nuestras velas son de cera de soya y viven dentro de una pieza de yeso y cemento, pintada a mano por la artista Shaouny De los Ríos. Cada aroma nace del color de su pieza: una pieza verde menta, por ejemplo, huele a menta y eucalipto. Así el aroma y el objeto se sienten parte de lo mismo. Cuando la vela se termina, la pieza se queda contigo.

Para encenderla bien

Un par de hábitos hacen que tu vela dure más y se consuma de manera pareja:

  1. La primera vez, paciencia. Déjala encendida hasta que la cera se derrita hasta las paredes. Así la superficie se forma bien y las próximas veces se consume con uniformidad.
  2. Recorta la mecha a 0,5 cm antes de cada encendido. La llama será más tranquila y el aroma, más limpio.
  3. Máximo 4 horas seguidas. Apágala, deja que se enfríe y vuelve a encenderla cuando quieras.

Con cuidado

Retira la vela de su caja antes de encenderla. Nunca la dejes encendida sin supervisión, ponla sobre una superficie estable y lejos de cortinas, papeles y otros materiales inflamables, y mantenla fuera del alcance de niños y mascotas. No la muevas mientras la cera esté líquida.

Un ritual a tu medida

Enciéndela mientras lees, mientras cocinas algo sencillo o al final del día, cuando la casa por fin está en silencio. Elige el momento que sea tuyo y deja que el aroma haga el resto.

Vivir con intención empieza por cosas así de pequeñas.

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